Las necesidades del planeta son las necesidades de las personas. Y es por esto por lo que los derechos de las personas son los derechos del planeta.

La generación que ahora está en la escuela debe estar preparada para afrontar la enorme responsabilidad del deterioro del proceso planetario que les estamos dejando. Para eso, necesitarán urgentemente practicar y ajustar su capacidad  de acción orientada a mejorar la calidad de vida de toda la población en el futuro y de la realidad circundante.

Esta realidad que es compleja y conflictiva, y que la entendemos referida a las tres dimensiones relacionales en las que se desenvuelve el ser humano: consigo mismo y con los demás, con los espacios sociales en los que se desenvuelven, y con el medio ambiente en el que transcurre la vida.

El desarrollo de las capacidades necesarias para enfrentarse, de una manera constructiva, a los cambios personales y mundiales, el trabajo por la justicia y la defensa de los derechos humanos; y la contribución para conseguir un futuro mejor para el planeta no se puede dejar en manos del azar y el proceso educativo es clave para llegar a esos objetivos. La educación para la democracia y la puesta en valor de los valores universales será más efectiva en una escuela democrática, donde el medio y el mensaje estén en armonía. La educación para un mundo interdependiente y de rápidos cambios será más útil si se ayuda a los estudiantes a desarrollar y practicar las destrezas de la acción que los capacitará para que lleguen a ser agentes productores de ese cambio en vez de ser seres dependientes del mismo.

La educación en valores se centra en generar los aspectos de tolerancia, solidaridad, respeto a la diversidad  y capacidad de dialogo y de participación social. Plantea la necesidad de lograr un desarrollo integral de los estudiantes no solo a través de conocimientos académicos, sino desarrollando habilidades prácticas, actitudes y valores que impregnen toda la educación y que nos prepare para integrar como temas transversales  las  temáticas ambientales que nos preocupan.  La educación social y la educación moral representan un elemento fundamental del proceso educativo, que ha de permitir a los estudiantes actuar con comportamientos responsables dentro de la sociedad actual y del futuro, una sociedad pluralista, en la que las propias creencias, valores y opciones han de convivir con el respeto y las creencias y valores de los demás.

De una especial transcendencia en todo proceso educativo resulta el papel del docente desde el punto de vista de la educación en valores se debe sostener en buscar la coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y como se hace.

Algunos objetivos generales que puede alcanzar la educación en valores

  1. Comportarse de acuerdo con los hábitos de salud y cuidado corporal que se derivan del conocimiento del cuerpo humano y de sus posibilidades y limitaciones, mostrando una actitud de aceptación y respeto por las diferencias individual (edad, sexo, características físicas, etc.).
  2. Participar de actividades grupales adoptando un comportamiento constructivo, responsable y solidario, valorando las aportaciones propias y ajenas en función de objetivos comunes y respetando los principios básicos del funcionamiento democrático.
  3. Reconocer y apreciar su pertenencia a grupos sociales con características y rasgos propios, (pautas de convivencia, relaciones entre los miembros , costumbres y valores compartidos, lengua común, intereses, etc.) respetando y valorando las diferencias con otros grupos y rechazando cualquier clase de discriminación por ese hecho.
  4. Analizar algunas manifestaciones de la intervención humana en el medio, valorar críticamente la necesidad y el alcance de las mismas y adoptar un comportamiento en la vida cotidiana acorde con la postura de defensa y recuperación del equilibrio ambiental y de conservación del patrimonio natural y cultural.

Desde el punto de vista metodológico se propone utilizar los “métodos problematizantes” para abordar los contenidos propios de este tipo de educación vinculados con la temática ambiental.

La importancia del currículo oculto en la educación en valores

Pero lo que se aprende en la escuela no solo responde al currículo explicito, esto es, lo que se ha reflejado en las intenciones educativas de la institución. Al mismo tiempo se producen otros “aprendizajes” derivados, en gran medida, de actitudes de los docentes y del propio funcionamiento de la escuela.  De nada vale organizar una campaña de reciclado cuando en el establecimiento no se practica esa acción. No alcanza con dar una clase de especies amenazadas si la docente tiene de mascota una tortuga o un loro hablador.  En la escuela se genera un sistema de roles e interacciones que condicionan la experiencia de los estudiantes tanto o más que la propia intervención educativa planificada.  Esto es lo que se conoce como el “currículo oculto” todo aquello que se enseña y aprende en la escuela de manera implícita y que pasa, en buena parte, inadvertido por su propia cotidianeidad y ausencia de intencionalidad.

El currículo oculto es, entonces, el conjunto de experiencias proporcionadas por el medio ambiente educativo por el hecho de ser un sistema jerarquizado de relaciones.  Es por esta transcendencia educativa del currículo oculto que tiene tanto interés el develar aspectos que lo componen, hacer explícitos y analizar los sistemas de valores y contravalores que están operando en la institución educativa, las contradicciones entre los objetivos que se pretende alcanzar y las actitudes o conductas que se desarrollan o fomentan.

Muchas veces la educación en valores es la que da sentido final a la educación ambiental ya que no existe argumento o situación educativa más contundente que el ejemplo.

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